Señala

Papel, Fuente, Edad, Antigüedad

 

“- Sea cuidadoso. En el momento en que usted comienza a hablar, usted crea un universo verbal, un universo de palabras, de ideas, de conceptos y de abstracciones, entretejidos e interdependientes, maravillosamente fértiles, que se apoyan y se explican unos a otros y, sin embargo, todos ellos sin esencia ni substancia, meras creaciones de la mente. Las palabras crean palabras, la realidad es silente.

– Cuando usted habla, yo le oigo. ¿No es esto un hecho?

– Que usted oye es un hecho. Lo que usted oye no lo es. El hecho puede ser experimentado, y en ese sentido el sonido de la palabra y las ondas mentales que causa son experimentadas. No hay ninguna otra realidad detrás de ello. Su significado es puramente convencional, tiene que ser recordado; un lenguaje puede olvidarse fácilmente, a menos que se practique.

– Si las palabras no tienen ninguna realidad en ellas, ¿por qué hablar entonces?

– Sirven a su limitado propósito de la comunicación interpersonal. Las palabras no transmiten hechos, los señalan. Una vez más allá de la persona, usted no necesita palabras.”

Yo soy eso, capítulo 87

Unidad

 

“Chiyono era una mujer que se entregó a la vida de los monasterios y a su trabajo interior hacia la iluminación.

Una noche, realizando una de las tareas propias de su rutina, fue a buscar agua a un pozo cercano. Tras llenar el destartalado cubo, se dispuso a llevarlo con calma y cuidado para no perder parte de su preciado contenido durante el camino. La noche, de nubes y claros, estaba tenuemente iluminaba por el resplandor de una hermosa luna llena. Chiyono alternaba su vista en el suelo, la luna y el reflejo oscilante de ésta en el agua del balde.

De repente, mientras observaba el reflejo de la luna en el agua, tropezó, cediendo las asas y rompiéndose al impactar contra el suelo.

Durante unos instantes, la monja Chiyono permaneció inmóvil, observando los restos del cubo y cómo el agua se filtraba poco a poco en las porosidades del suelo… Luego, miró directamente a la luna… Y en ese sencillo percance, tras años de esfuerzo, paciencia y tenacidad, Chiyono se iluminó.

Rememorando lo que sintió en ese instante, escribió:

‘De un modo y otro traté de mantener el cubo íntegro, esperando que el débil bambú nunca se rompiera. De repente, el fondo se cayó. No más agua; no más reflejo de la luna en el agua: vaciedad en mi mano'”

Cuento zen